- N e w s l e t t e r # 9 -
- arteyritualtaller
- 14 feb 2024
- 5 Min. de lectura

Una vía de comunicación lenta.
Un canal de diálogo en el que compartirles e intercambiar retazos de preguntas, inspiraciones, búsquedas, distintas modulaciones del
arte y el ritual.
A veces, muy cada tanto, hacemos tareas o vamos a lugares que nos lanzan a ser otras. No en el sentido de la impostura: todo lo contrario. Nos sacan del refugio de la máscara y nos entregan con el alma en bruto al aprendizaje de la incomodidad. Son experiencias-umbrales que nos ofrecen la generosa posibilidad de vernos con un ojo nuevo, y volver a casa iguales pero distintas. Voy a contarles dos de estas escenas -mínimas- que viví estas últimas semanas:
Horno de pan
Hoy tuve que limpiar dos hornos de pan inmensos durante toda una mañana. Mis hijos van a una escuela cooperativa en las Islas del Delta de Tigre y todos, mapadres, niños y maestrxs colaboramos en las tareas necesarias para sostener el espacio de aprendizaje. Entre las muchas tareas: hay una panadería. Y cada tanto hay que entrar a la médula de la cocina y limpiarla como si de eso dependiera tu vida. Un regimiento de 8 personas, trapos, ungüentos,
mate y conversación. Fueron algo más de cuatro horas en las que:
1.me trepé a un banco y con una escoba atada a un junco de 4 metros saqué telas de araña y mugre de la pared justo encima de los hornos, y polvo acumulado sobre los caños extractores.
2.saqué y limpié palanganas, estantes de madera y ladrillos que había sobre los hornos
3.barrí la mugre superficial de la parte de arriba de los hornos
4.tiré una mezcla de vinagre y detergente para desprender la grasa-mugre-óxido acumulado
5.fregué hasta romper una esponja verde
6.volví a colocar los ladrillos y los estantes
7.y podría seguir desagregando cada gesto, movimiento, esfuerzo: pero quiero ir hacia el para qué.
Hay cosas que hacemos porque son necesarias en sí y también mucho más allá. Es decir: la intención de limpiar el horno no es solo que esté limpio, sino que los panaderos puedan trabajar en un ámbito cuidado, que el pan esté protegido, que los materiales no se deterioren; y el horno, a su vez, es parte de una cocina, de una escuela: entonces ya no es solo un horno sucio o limpio. Es un elemento del conjunto. Pizarrón, biblioteca, estantes, percheros, piano, vitrinas, salamandra, zapatero. Y así yo también, esa mañana, y en general como madre de la escuela, soy parte de algo que es mucho más grande que yo. Algo que me antecede y, si lo sabemos cuidar, nos precederá.
Misa en latin
Casi como al pasar alguien me contó que a media hora de casa, en una pequeña capilla, daban misa cantada en latin. Me lo dijo como una extravagancia, casi del orden del arte contemporáneo. Ahí quedó, y pasó el tiempo. El domingo pasado fuimos con una amiga a una celebración hindú que resultó trunca porque era virtual y no donde creímos que era. Entonces, como una flecha, me atravesó el recuerdo. Le dije: vamos a buscar la capilla. Quedaba apenas a unas cuadras de donde estábamos y llegamos justo en el exacto momento en que empezaba la misa. Al entrar se escucharon las voces de dos varones que cantaban-recitaban en latin. Fue como atravesar el espacio y el tiempo. Varias mujeres cubrían su pelo con mantillas blancas. Y había más niños que adultos. Encontramos una punta de banco libre detrás de una columna. Intentamos seguir los movimientos de los demás y cuando respondían en latín lo que el sacerdote proponía, callábamos. A los pies del banco había una pila de libros de oraciones y cantos. Agarré el primero y al abrirlo se cayeron en mis manos unas estampitas. Estas son algunas:

La remembranza de cientos de misas vividas en mi niñez y juventud me tuvieron toda la misa en un viaje atónito. Crecí con un Dios benevolente cuidando mis pasos y sobre todo con dos figuras milagrosas que esculpieron mi modo de mirar el mundo: Jesús y María. Esa mañana de domingo me abrazaron en el silencio de una iglesia de la edad media. Tuve que hacer un esfuerzo enorme para que mi otra yo (o incluso mi “propia” yo) no se entrometiera con sus pensamientos (¿Puede una mujer desear tener siete hijos? ¿Por qué las mujeres no cantan? La versión del evangelio que leen es fundamentalista…). La música, monótona y punzante, dulce y amarga a la vez, logró desarmarme y abrir mi corazón. Fue conmovedor. Me sentí diminuta-inmensa, frágil-fuerte, niña-adulta, humana-diosa.
Después de limpiar el horno y de ir a misa volví a casa. Volví a mi cuaderno, a mis clases, a mi cuerpo, volví a enojarme porque no me dejan dormir más, volví a olvidarme de mí, volví a los rituales que sostienen y todos sus desvíos y procrastinaciones, volví a mis libros, mis amigas, mi familia, volví a la no-sorpresa de los días que se repiten a sí mismos: pero cada tanto me asalta y me acaricia la posibilidad de una nueva ruta neuronal. Un nuevo modo de hacer lo mismo. Una mueca distinta. La inyección del misterio de quien no sé que soy, y aun puedo ser. Lo que no sé que es, que hay y que puede llegar a ser.

Abro la cortina de la bañadera y me encuentro con dos camisas colgadas en un percha sobre la ducha,
seguramente recién lavadas a mano por mi pareja, y ahora estiradas secándose. Lo disruptivo de la imagen,
un objeto fuera de su lugar, me impactó en su belleza, necesité sacarle una foto porque pensé que era algo que me gustaría pintar. Pinté varias versiones de esa imagen, aquí una de ellas en óleo.
Hoy las cartas murmuran:

Oráculo The Untamed Elemental de Tasya Van Ree.
Reescribimos, reversionamos, sintetizamos, lo que dice el librito de este oráculo…
Los volcanes son túneles al corazón de la tierra. Cuando erupcionan, la lava avanza, cubre, quema todo a su paso. Un abrasador manto de ira. Pero cuando se enfría, forma nuevos paisajes fertilizados por la ceniza.
La lava nos guía a localizar el núcleo feroz dentro nuestro. Nos invita a acceder a nuestro magma interno y el profundo deseo que nos trajo a donde estamos.
Pero… lava, en nuestra lengua, es también el modo indicativo del presente en tercera persona del verbo LAVAR. Y lavar es cuidar, preservar, purificar.
Crear es siempre, de algún modo, lava que nace del corazón, que destruye para que nazca lo nuevo. Y también es un acto de lavar, de des-ensuciar el barro de los días. Crear es, como dice Clarice Lispector acerca de la escritura, una maldición que salva.
Pequeña práctica:
Hacer algo que nunca hayas hecho. Nada extravagante. O sí.
Por ejemplo:
-hacer dulce de ciruelas
-ir a una tienda de baldosas
-barrer con los ojos vendados
-entrar en un templo, de cualquier credo
-bañarte vestidx
-tocar una canción desconocida en la guitarra
-llamar a número aleatorio y preguntarle al que atienda cómo está
Registrar qué te pasa. Y después nos cuentan.
Gracias por estar ahí del otro lado,
Guada y Sil
***
En estos días, nos inspiran:
*el Libro Frida Kahlo en su casa, sobre la vida y obra de la artista mexicana.

Estudio de Frida. Se puede ver en esta visita virtual del Museo Frida Kahlo.
*hipnotizadas viendo los movimientos del bailarín Hikaru Kawasaki: https://www.instagram.com/hikaru_kwsk?igsh=bHB1dmZuMG5kc2V1
*Una misa tridentina, misa tradicional en latín:
De la comunidad ARTE Y RITUAL:
-Gerardo Abril, desde Colombia, nos invita a viajar con él hacia el interior de la selva, la montaña, los ríos y el mar caribe (afuera-adentro), un viaje de descubrimiento y de transformación:


Foto sacada por Gerardo Abril y mapa de su viaje por el Caribe.
***Este newsletter es una creación de ARTE Y RITUAL, las palabras e imágenes que aquí encuentren son de Guadalupe y Silvina Wernicke (salvo que aclaremos lo contrario).
Saldrá con la frecuencia del deseo y la posibilidad. Queremos que escritura y lectura sean un verdadero disfrute compartido.***



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