L a l e n t i t u d
- arteyritualtaller
- 27 feb
- 4 Min. de lectura
Carta #1 — 7 de Enero 2026
Carl Honoré empieza su Elogio de la lentitud así:
“Una tarde bruñida por el sol del verano de 1985, mi viaje de adolescente por Europa se detiene en una plaza de las afueras de Roma. El autobús que ha de llevarme a la ciudad lleva veinte minutos de retraso y no parece que fuera a aparecer. Sin embargo, el retraso no me molesta. En vez de ir de un lado a otro por la acera o llamar a la compañía de autobuses y presentar una queja, me pongo los auriculares del walkman, me tiendo en un banco y escucho a Simon y Garfunkel, que cantan sobre los placeres de hacer las cosas despacio y el momento duradero. Cada detalle de la escena está grabado en mi memoria: dos chiquillos dan patadas a una pelota alrededor de una fuente medieval, las ramas de los árboles rozan un muro de piedra y una anciana viuda lleva verduras a casa en una bolsa de mallas.”
A esta escena “originaria” la contrasta con otra, muchos años después, en la que está esperando para subir a un avión, intentando hacer algo con el tiempo, apurado y atrapado en la quietud. En esa voluntad de “matar el rato” hasta que ocurra lo siguiente lee una nota que cuenta acerca de la condensación de cuentos clásicos en relatos de 1 minuto para leerle a los niños antes de dormir. Ahí se corre el velo. Y recuerda, quizás, “una tarde bruñida por el sol del verano…”
Todo el 2025 fue para nosotras un año atravesado por el compás de la TORTUGA, su paso firme y constante, a la velocidad que sus piernas y brazos jurásicos le permiten. Sellamos el año bajo su templo (en Playa Majila, Colombia) y supimos que el aprendizaje recién comenzaba.
La lentitud es una invitación a la demora, un modo de recordar(nos).
Cualquier forma de creación necesita hacer del tiempo un no tiempo. Necesita firmeza en el paso y capacidad de desvío. Dureza y blandura.
Iniciamos el 2026 en las profundidades del inframundo de Venus, escondida atrás del Sol. Como cualquier semilla: nuestra creatividad busca la oscuridad para germinar. Necesita riego y canto. Necesita nuestra paciencia.
El ciclo de EL TESORO que se abre en marzo, el laboratorio estrella de Arte&Ritual, vendrá acompañado por el ascenso de Venus en el cielo como estrella del ocaso. Cuando comencemos nuestro caminar en ronda, Venus ya habrá resucitado. ¿Cómo será esta nueva búsqueda, esta espera? ¿Esta confianza re-conquistada?
Queremos ir despacio con ustedes, que sus despaciares acompasen los nuestros, que habitemos juntxs el tiempo del crear que es el tiempo del vivir.
Entre los muchos cambios que soñamos para este año UNO, están estas cartas. Correspondencia lenta, los miércoles de Mercurio, pero no todos los miércoles. Algunos meses descansaremos para macerar las ideas-corazones. Quisiéramos que sean un ida y vuelta, que si algo de esta carta te habla, te nombra, te toca: nos cuentes, te cuentes.
Arte&Ritual es un mapa, nuestro propio mapa, de reencuentro con lo sagrado. Y si algo aprendimos en más de 40 años de caminar bajo el sol, es que lo sagrado está en lo diminuto y que lo más íntimo, cuando se ama, es colectivo.
Con toda la esperanza en que existen otros mundos, otras formas, y que el Amor es la respuesta, lanzamos este hilo hacia ustedes,
Sil y Guada
PD: Mientras te decidís si estás lista para embarcarte en el compromiso de buscar tu tesoro, siguen abiertas las inscripciones de DISCIPLINA ES PLACER, un taller para hacer a tu ritmo, para encontrar en tu cuerpo–casa–barrio–vínculos la potencia creativa que ya hay.
∞
Van tres regalos:
UNA CANCIÓN (Gracias Lu por compartirnosla) Sigur Ros: https://www.youtube.com/watch?v=2cAxLZpelmQ
UNA IMAGEN |
UN POEMA
La silla perezosa, José Watanabe
Tú que corres haciendo tanto ruido inútil siéntate en esta perezosa vacía y descansa. Después llamarás a esta calle la calle de las perezosas. Hoy no es el último día del mundo, el tiempo no ha pasado huyendo como un conejo y los anuncios son anuncios de nada. Deja que se pudra en el atrio de la iglesia el carnero bicéfalo y que las madres cobijen hijos muertos como huevos inútiles. La bestia del milenio aún no ha nacido y la fatalidad no es inminente. Tú, asustado muchacho, ven y reposa y sigue el tiempo del carpintero: toca una perezosa, allí está tu tiempo. Y mis manos aprecian la madera trabajada con lentitud y conciencia y sienten otras manos teñidas de resina de cedro que impulsaron con justo ritmo el cepillo sobre los listones cuya rectitud geométrica y ética estaba en el ojo entrecerrado del maestro. Se acabó la calle de las perezosas y se acabaron los viejos de lengua gótica. Pero la imaginación del regreso aún es posible sentado en la perezosa que vino conmigo en el camión de mudanzas. Me espera en el patio, siempre bien armada y encolada, durando y provocando un deseo contra la historia, la vuelta a los románticos talleres artesanales, todo hecho a mano y pacientemente. Entre la viruta un conejo todavía dormirá el tiempo de los muchachos asustados. |





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