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L a   - - - c  a  r  t  o g  r  a  f  í  a - - -

Carta #3 –– 21 de enero 2026

 

 

 

A algunas de ustedes ya se los conté: cuando era chica quería ser cartógrafa o también geógrafa, me parecía que eran lo mismo. Viajar con las manos, inventar nuevos territorios. Como si fuese arcilla o un dibujo en el aire. Amaba los mapas antiguos y me dormía con el Atlas enredado entre las sábanas. 

 

Terminé estudiando sociología y dedicándome a escribir palabras que descorren las fronteras del lenguaje y también partereando el impulso de otros por abrir sus propios mapas en cuerpos vivos de belleza.

 

Hay un hilo en todo deseo. Y también hay un nudo.

 

Hace no tanto, entrevistando a mi estrella guía en la investigación de ser una cíclica discípula de Venus, Florencia Hadida (@laflordevenus), ella se definió como cartógrafa y el ovillo siguió tejiendo su propia manta. Por ella llegué a Suely Rolnik y a este texto que recorto acá:

 

“Siendo tarea del cartógrafo dar voz a los afectos que piden pasajes, de él se espera básicamente que esté involucrado en las intensidades de su tiempo y que atento a los lenguajes que encuentra, devore aquellos elementos que le parezcan posibles para la composición de las cartografías que se hacen necesarias.

(...)

“para el cartógrafo el problema no es el de lo falso vs. lo verdadero, ni el de lo teórico vs. lo empírico, pero sí el de lo vital vs. lo destructivo, el de lo activo vs. lo reactivo. Lo que él quiere es participar, embarcarse en la constitución de territorios existenciales, constitución de realidad. Implícitamente es obvio que, por lo menos en sus momentos más felices, él no le teme al movimiento. Deja que su cuerpo vibre en todas las frecuencias posible, inventando posiciones a partir de las cuales esas vibraciones encuentren sonidos, canales de pasaje para la existencialización. El acepta la vida y se entrega de cuerpo y palabra.”

 

Leyéndola supe que la poesía era, hace más de veinte años, mi manera de cartografiar(me). Y supongo que tu dibujo, tu danza, tu música, tu cerámica, tu bordado, tu cocina, tus cartas, tu ropa, tus joyas, tu jardín (y mil etcéteras más) son tu propia forma de construir puentes y fronteras, de ponerle voz a lo innombrable, de llorar, de trazar nuevos caminos, de jugar, de construir un lugar en el que somos bienvenidas, de auto-regalarnos pistas para el próximo paso, de buscar huellas de lo que ya pasó.

 

Una tarea que no cesa. Una práctica que empieza en el secreto del sueño y continua en la conversación y la construcción de vínculos que nos afectan y nos polinizan de vitalidad.

 

En la búsqueda de un tesoro siempre hay un mapa. Pero en el laboratorio de EL TESORO hay múltiples cartografías superpuestas que se contagian ideas y sensibilidades, se sostienen e inspiran en la necesidad del borde o de la flexibilidad, de la constancia o del disfrute. Los tesoros que estaremos cartografiando no son sólo artísticos, ni sólo espirituales: son intentos de volver sutil lo encarnado y encarnado lo sutil, en un proceso vivo que haga del mismo camino un cofre de diamantes, oro y esmeraldas.

 

Anhelamos búsquedas y encuentros de tesoros para todxs,

 

Con mucho entusiasmo.

 

Guada

(mientras Sil disfruta unos días de vacaciones)

 

∞ 

TENEMOS TRES REGALOS, otra vez, o muchos más, pero van solo tres:

 

UNA CONVERSACIÓN de LA PRÁCTICA en la que conversamos con Flor Hadida y Ber Zabalaga (que nombramos más arriba) acerca de la magia y el permiso.

Versión SPOTIFY

Versión YOU TUBE

 

UNA IMAGEN

Un rutagrama de Ingrid Roddick (@ingrid.roddick.arte).

Va acompañado de este texto:

 

Así fue este año, un rutagrama muuuuy movido, como las rutas de la Patagonia. A veces cosas que uno preferiría no transitar, también nubes interesantes sobre el camino, ademas de cruces tranquilos y despreocupados, flores abundantes y variadas, algunas vueltas de mas, el 21 de septiembre y la rosa roja de esa mañana, muchos aprendizajes, viajes breves, hermosos e intensos, y sobre todo, un año lleno de muchos muchos afectos.

 

UN POEMA CLÁSICO DE CLÁSICOS:

 

Ítaca, Constantino Kavafis

 

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca

pide que el camino sea largo,

lleno de aventuras, lleno de experiencias.

No temas a los lestrigones ni a los cíclopes

ni al colérico Poseidón,

seres tales jamás hallarás en tu camino,

si tu pensar es elevado, si selecta

es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

Ni a los lestrigones ni a los cíclopes

ni al salvaje Poseidón encontrarás,

si no los llevas dentro de tu alma,

si no los yergue tu alma ante ti.

 

Pide que el camino sea largo.

Que muchas sean las mañanas de verano

en que llegues -¡con qué placer y alegría!-

a puertos nunca vistos antes.

Detente en los emporios de Fenicia

y hazte con hermosas mercancías,

nácar y coral, ámbar y ébano

y toda suerte de perfumes sensuales,

cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.

Ve a muchas ciudades egipcias

a aprender, a aprender de sus sabios.

 

Ten siempre a Ítaca en tu mente.

Llegar allí es tu destino.

Mas no apresures nunca el viaje.

Mejor que dure muchos años

y atracar, viejo ya, en la isla,

enriquecido de cuanto ganaste en el camino

sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

 

Ítaca te brindó tan hermoso viaje.

Sin ella no habrías emprendido el camino.

Pero no tiene ya nada que darte.

 

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.

Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,

entenderás ya qué significan las Ítacas.


 
 
 

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